La reciente decisión del gobernador Marcelo Orrego de apartar al secretario de Seguridad, Gustavo Sánchez, marca un punto de inflexión en la gestión provincial. ¿Es posible tolerar en un equipo de gobierno a quienes no estén a la altura de las políticas públicas delineadas? La respuesta parece ser contundente: no.
La seguridad es un eje fundamental de cualquier administración moderna. En San Juan, donde el crecimiento y la calidad de vida de los ciudadanos son prioritarios, no hay margen para titubeos ni improvisaciones. ¿Qué mensaje se estaría enviando a la sociedad si se permitiera la permanencia de funcionarios que no cumplen con las expectativas? Orrego ha dejado claro que en su equipo, la eficacia no es negociable.
Pero esta decisión va más allá de un cambio puntual. Es un mensaje para todos los sectores del gobierno. ¿Qué ocurre con quienes no se alinean con las metas claras en educación, salud o infraestructura? ¿Se puede construir un futuro mejor con aquellos que no demuestran compromiso, capacidad o resultados? La política pública no es solo una declaración de intenciones; es un compromiso tangible con los sanjuaninos de esta gestión, al menos.
Cabe preguntarse si algo tuvo que ver en esta determinación el sostenimiento y la oportunidad que se le dio al saliente funcionario, a pesar de sus errores al momento de articular con la jefatura de policía o de sus declaraciones mediáticas. ¿Fueron esas acciones las que erosionaron la confianza en su gestión? Aunque los motivos exactos se mantengan en reserva, los hechos hablan por sí solos.
El liderazgo se mide por las decisiones difíciles, y Orrego acaba de tomar una que define el estándar de su gestión: solo quienes demuestren estar a la altura continuarán formando parte del equipo. En tiempos de incertidumbre, la firmeza en los principios y en la ejecución es lo que diferencia a los buenos gobiernos de los que se conforman con promesas vacías.
La seguridad es responsabilidad de todos, pero la dirección política es la brújula que marca el camino. ¿Será este el inicio de una renovación más amplia en las filas del gobierno? ¿Qué otros desafíos exigirán la misma firmeza? Lo único claro es que en San Juan, quienes no den la talla se van.