La política es diálogo, pero también es respeto por las instituciones. Y lo que sucedió esta semana en Caucete es una muestra clara de cómo algunos todavía no comprenden —o no quieren comprender— los límites del rol que ocupan. La intendenta Romina Rosas decidió ir al Concejo Deliberante sin haber sido convocada, intentando imponerse por encima del cuerpo legislativo como si el recinto fuera una extensión de su despacho.
Rosas quiso marcar la agenda de la interpelación, forzar los tiempos, alterar el procedimiento. Pero no funciona así. La democracia tiene formas. Los poderes son independientes. Y por más que la intendenta se muestre dispuesta a dar explicaciones, no puede hacerlo cuándo y cómo ella quiera. Porque el Concejo no es una conferencia de prensa ni una puesta en escena: es un ámbito institucional con reglas claras que deben ser respetadas.
La oposición decidió, con razón, mantener la fecha prevista para el 12 de junio. No se trata de esquivar el debate, sino de evitar que una estrategia de marketing político se imponga sobre el funcionamiento institucional. Lo que hizo Rosas fue una jugada desesperada por mostrar iniciativa, pero terminó siendo una falta de respeto al Concejo y a sus propios vecinos.
En política, no todo vale. Y la búsqueda de protagonismo no puede estar por encima de la institucionalidad. Si Rosas tiene respuestas para dar, que lo haga en el momento adecuado, con el cuestionario formal, en el marco que corresponde. Porque las reglas no cambian según la voluntad de quien tiene el poder de turno.