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Published on: Editoriales

El desgaste del “Chiqui” Tapia y el silencio incómodo de Uñac

La figura de Claudio “Chiqui” Tapia vive uno de sus momentos más tensos. Las críticas se multiplican desde todos los frentes: desde los clubes, desde los hinchas, desde el Gobierno nacional y hasta desde el propio ambiente del fútbol. Declaraciones como “me quedan muchos años más en AFA” lejos de calmar las aguas, profundizaron un malestar que ya es inocultable.

Las suspensiones polémicas, los gestos de poder, los cortocircuitos con instituciones como Estudiantes de La Plata y las críticas de referentes nacionales —incluida la ministra Patricia Bullrich— pintan un cuadro donde Tapia aparece más aislado que respaldado. Incluso se volvió tendencia un cántico masivo en un recital de Andrés Calamaro, símbolo de que la bronca ya superó la cancha.

En ese contexto, hay un detalle que resuena fuerte en San Juan: la estrecha relación que históricamente se atribuye entre Sergio Uñac y Chiqui Tapia.

Porque mientras gran parte del país cuestiona el manejo de la AFA, en San Juan el silencio del exgobernador sobresale. En los momentos en los que se discute la transparencia, las decisiones deportivas y el rol institucional de Tapia, Uñac —siempre vinculado al mundo del fútbol y a la dirigencia nacional— evita cualquier definición.

Y ese silencio contrasta con la indignación creciente en todo el país.
Mientras hinchas, periodistas, funcionarios y clubes expresan su rechazo al estilo de conducción de Tapia, en San Juan hay quienes recuerdan la cercanía política, los eventos compartidos, los guiños públicos y el alineamiento personal entre ambos.

Ya nadie pasa por alto esa relación. Porque cuando una figura nacional acumula tanto rechazo y tanto ruido institucional, la cercanía deja de ser un detalle y pasa a ser un mensaje político.

Hoy Tapia enfrenta cuestionamientos que van más allá del fútbol: manejo discrecional, decisiones polémicas, sanciones discutidas, conflictos con el Gobierno nacional y una evidente falta de consenso. Y mientras tanto, Uñac aparece siempre orbitando alrededor de la dirigencia afista, como si nada ocurriera.

El país marca distancia.
Los clubes marcan distancia.
El público marca distancia.
Pero en San Juan, el peronismo uñaquista mantiene una prudencia selectiva, que termina diciendo más por lo que calla que por lo que expresa.

Quizás haya llegado el momento de preguntarse si ese vínculo —que supo ser ventajoso en otros tiempos— no se convirtió hoy en un lastre político. Porque cuando una figura nacional acumula desgaste, quienes se muestran cerca también comparten el costo.