Este 9 de mayo se cumplen dos años del fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que inhabilitó a Sergio Uñac para ser nuevamente candidato a gobernador de San Juan. Uñac había sido vicegobernador entre 2011 y 2015, y gobernador durante dos períodos consecutivos: de 2015 a 2019 y de 2019 a 2023. Lo que en realidad intentaba era un tercer mandato como gobernador, algo que excedía lo permitido por el esquema de alternancia que rige en un sistema republicano. La Corte se lo impidió, y desde entonces, Uñac insiste en denunciar una supuesta proscripción en su contra.
Durante los últimos meses de su gestión como gobernador, Uñac se dedicó a acomodar a sus dirigentes más cercanos en distintos cargos del Estado. Su ex vicegobernador, Marcelo Lima, fue designado presidente de la Corte de Justicia de San Juan. Pablo García Nieto, histórico uñaquista, es hoy presidente del Tribunal de Cuentas. Y dentro del mismo organismo, también figura Juan Flores. El reparto de cargos también alcanzó a exministros como Claudia Grynszpan, Alberto Hensel y Ariel Lucero, y a exfuncionarios como Francisco ‘Pancho’ Guevara, Emiliano Paradiso, Marcelo Yornet y, por supuesto, su hermano Rubén Uñac. Otro beneficiado fue Cristian Andino, el exintendente de San Martín, que ahora aparece como su principal apuesta para las elecciones legislativas del 2025.
Además del reparto, Uñac intentó forzar la legalidad para perpetuarse en el poder. Impulsó el SIPAD, una versión local de la Ley de Lemas, que terminó en un bochorno electoral. Cuando la Corte Suprema le impidió competir, decidió que primero se vote a intendentes y después a gobernador, buscando ventajas políticas en los tiempos. Pero ni así logró ganar: su hermano Rubén Uñac fue derrotado por Marcelo Orrego.
Como senador, Uñac cobra 9 millones de pesos al mes y tiene 19 asesores. Y aunque en San Juan el bloque uñaquista votó a favor de la Ley de Ficha Limpia en la provincia, cuando le tocó levantar la mano en el Senado, votó en contra. ¿No es acaso una contradicción?
A dos años del fallo, Uñac sigue con el discurso de la víctima, aunque su conducta demuestre otra cosa. ¿Proscripción o ambición sin límites? ¿Ataque político o consecuencia de no respetar las reglas del juego? ¿Qué parte de la república no entendió Sergio Uñac?