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Published on: Editoriales

Amigos después de odiarse

En política, la memoria suele ser selectiva. Pero en San Juan, la foto de la “unidad” de La Libertad Avanza roza directamente el cinismo. Los mismos espacios que hace apenas dos años se acusaban, se rompían y se iban dando portazos hoy posan sonrientes en una finca llamada, con ironía involuntaria, Los Amigos.

Conviene recordar los hechos. En 2023, el frente libertario se partió en mil pedazos. Hubo chispazos por cargos, internas feroces y una huida en estampida del Partido Libertario y de Ideas de la Libertad. No fue una diferencia ideológica profunda: no se bancaban. En 2025 fueron separados, se midieron, se ignoraron y se criticaron.

Hoy, de golpe, aparece el “humo blanco”. No porque hayan resuelto esas diferencias, sino porque el poder ordena. Milei ganó, el viento sopla a favor y ahora todos descubren que siempre pensaron igual. La unidad no llega por convicción: llega por conveniencia.

El mensaje que baja la conducción es brutalmente claro: alineamiento total o afuera. No hay debate, no hay matices, no hay construcción colectiva. Hay obediencia. El que no repite el libreto completo queda excluido. Y los que ayer se fueron porque no los dejaban participar, hoy vuelven aceptando exactamente las mismas reglas que antes denunciaban.

Hablan de “dejar de lado las diferencias internas”, pero nunca las explicaron ni las resolvieron. Hablan de organización, después de años de desorden. Hablan de seriedad, después de haberse roto por cargos. La unidad libertaria no se construye sobre ideas comunes, sino sobre una sola condición: estar con el poder de turno.

La pregunta es inevitable:
si no se bancaban cuando eran oposición,
si se dividieron cuando había que competir,
si se fueron cuando no les dieron lugar,
¿por qué ahora sí son todos amigos?

La respuesta es incómoda pero evidente. No es unidad política: es reagrupamiento oportunista. No es madurez: es cálculo. No es proyecto provincial: es alineación nacional sin discusión.

En San Juan, la derecha libertaria ensaya una reconciliación forzada, con sonrisas para la foto y silencios sobre el pasado reciente. El problema no es que se junten. El problema es que pretendan vender como convicción lo que es puro interés.

Porque cuando la política se arma solo alrededor de quién manda, los “amigos” duran lo que dura el poder. Y eso, la historia, ya lo mostró demasiadas veces.