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Published on: Editoriales

Andino: entre la memoria y la “renovación”

La maniobra fue simple y efectiva: negociaciones maratónicas, apoyos de intendentes y, al final, la foto que baja la ficha. Andino, exintendente de un departamento menor y sin un perfil provincial demasiado conocido, queda ahora al frente del PJ local. Lo que en los comunicados se vende como “relevo” para oxigenar al partido, entre pasillos se lee de otra manera: “lo puso Uñac”. No es un detalle menor: cuando la renovación se decide desde arriba, el cambio pierde sorpresa y gana sticker de origen.

Hagamos memoria. Andino no es un fenómeno surgido del pueblo; es una ficha del tablero peronista que Uñac mueve con facilidad. Que reaparezca el senador para festejar y legitimar la lista no es casualidad: es la confirmación de un liderazgo que manda y define nombres. Y si alguien todavía tiene dudas sobre quién ordena, basta ver las crónicas de la imposición y los titulares que lo cuentan sin eufemismos.

Ahora viene lo más fino: vender a Andino como “la renovación” cuando en la práctica representa continuidad. Continuidad con los estilos, las lógicas de poder y las mismas coaliciones que hoy se reconocen en el abrazo con el kirchnerismo provincial y nacional. Que se presente como nuevo es un ejercicio de marketing político cómodo: cambio por afuera, obediencia por dentro. Y en política, la obediencia tiene nombre, apellidos y, sobre todo, padrinos.

No es solo cuestión de etiquetas: es de expectativas. Al electorado que busca aire distinto se le ofrece una versión reciclada de lo conocido. Al que esperaba debates de ideas le llega un armado que ya viene con guion, reparto y director. Y en el medio, Andino debe lidiar con dos verdades simultáneas: la etiqueta de “renovador” y la sombra de quien lo puso allí.

Al final, lo que muchos preguntan es sencillo: ¿queremos candidatos que encabecen proyectos o meras garrochas que sostengan a los mismos jefes? Si la respuesta es lo primero, entonces la promesa de “renovación” exige más que nombres; exige independencia real, agendas propias y legitimidad construida desde abajo. Si la respuesta es lo segundo, entonces no hay novedad: solo reemplazos por compromiso, listas que obedecen y un viejo manual de operación política.

Andino puede tener ganas, proyecto o tablas. Lo que ya tiene es un pasaporte firmado por Uñac. Y en política, a veces eso alcanza; otras, es la mejor prueba de que la renovación fue, en realidad, una mudanza de sillones.