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Published on: Editoriales

Cuentas aprobadas, sospechas pendientes

A veces, en política, los números cierran. Pero las explicaciones no.

El Tribunal de Cuentas aprobó el ejercicio 2023 de Emilio Baistrocchi y lo liberó de pagar casi 20 millones de pesos en observaciones. A simple vista, parecería que el exintendente de Capital terminó su gestión sin deudas con el Estado. Pero el camino hasta esa aprobación dejó más dudas que certezas.

Baistrocchi no solo enfrentaba informes técnicos que marcaban irregularidades, sino que estrenó un mecanismo inédito de presión institucional: acusó al Tribunal de ser funcional a una persecución política en su contra. Dijo que lo estaban castigando por haberse enfrentado a su exjefe político, Sergio Uñac, y por haberse ido del PJ. Hasta llegó a señalar que los miembros del Tribunal eran “amigos del uñaquismo”.

En año electoral, ese discurso de victimización no es ingenuo. Baistrocchi buscó mostrarse como el dirigente rebelde que paga el precio de decir lo que otros callan. Pero el problema no es solo su pelea con Uñac. El problema es que, con o sin conflicto político, hubo informes que marcaron inconsistencias serias en su gestión. Y en lugar de explicarlas, optó por el camino del ataque.

Del otro lado, el Tribunal tampoco sale ileso. Porque los informes técnicos señalaban responsabilidades patrimoniales por millones de pesos, pero a la hora de la resolución final, todo quedó en la nada. ¿Pesó más el contenido de los expedientes o la presión mediática y política del exintendente?

La justicia contable no puede ser selectiva. Y tampoco puede transformarse en un ring donde se resuelven internas partidarias. Porque lo que está en juego no es solo el futuro de un dirigente, sino la confianza de los sanjuaninos en los organismos que deben controlar el uso de la plata pública.

Por ahora, Baistrocchi zafó. Pero el mecanismo que usó —denunciar persecución y conseguir un guiño del Tribunal— marca un precedente peligroso. Si alcanza con gritar «me persiguen» para que los números cierren, entonces no estamos frente a una rendición de cuentas: estamos frente a una ficción contable con guion político.

Y cuando eso pasa, el costo lo pagamos todos.