Cuando Axel Kicillof dejó de ser el niño mimado de Cristina y decidió lanzarse al 2027 por su cuenta, muchos lo miraron con escepticismo. Pero hay otros que lo miran con esperanza. En San Juan, por ejemplo, ya hay quienes se ofrecen como sus embajadores antes de que lo nombre cónsul.
Uno es Fabián Gramajo, que esta semana cruzará la General Paz para sacarse fotos con alfiles del kicillofismo y mostrarse disponible, por si desde Buenos Aires hace falta un «sanjuanino con territorio». Porque eso sí: territorio no le falta. Fue dos veces intendente de Chimbas (tercer departamento con más votantes), fue candidato a vicegobernador de Gioja, y ahora es aliado de Munisaga, actual intendente de Rawson, el más populoso. Tiene calle, estructura y una memoria selectiva.
Porque claro, Gramajo también supo ser uno de los soldados leales de Uñac. Incluso fue su funcionario. Hoy, sin embargo, lo critica con la misma energía con la que antes lo defendía. Lo mismo hace con Gioja. Da la sensación de que está practicando la misma gimnasia que Kicillof: olvidar rápido quién le dio de comer.
Pero no está solo en esa jugada. Matías Sotomayor —otro que se hace el nuevo aunque tenga fotos con todos los viejos— también se arrima al fuego kicillofista y calienta motores. Criticó fuerte a Uñac y Gioja, se mostró con dirigentes nacionales afines al gobernador bonaerense y juega su propio ajedrez dentro del tablero peronista local.
La pregunta es: ¿hay lugar para dos en la ventanilla del kicillofismo sanjuanino? ¿Quién se quedará con el sello bendecido desde La Plata? ¿Será Gramajo el gobernador de Kicillof en San Juan, o le sacarán el cargo antes de empezar a timbrear?
La interna del PJ sanjuanino ya no es una batalla generacional. Es una competencia de quién se reinventa más rápido sin sonrojarse. De quién se olvida primero de los padrinos, y de quién logra que lo crean.
Y si hay algo que está claro es que, en este nuevo peronismo sin fotos en la pared, los recuerdos no cotizan. Las alianzas tampoco. Solo importa quién llega primero a sacarse la selfie con el candidato del futuro.