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Published on: Editoriales

Derrotas en serie: el dedo de Uñac ya no elige a nadie

Otra elección, otro papelón para el uñaquismo. Esta vez fue en la Universidad Nacional de San Juan, donde el candidato apadrinado por Sergio Uñac, Guillermo Velasco, terminó tercero con un modesto 22% de los votos. Muy lejos del rector Tadeo Berenguer, que arrasó con el 49%, y también por detrás de Cocinero, que quedó con el 28%. Berenguer y Cocinero van al balotaje. Velasco, al archivo.

Pero no fue la única cachetada electoral para los herederos del viejo modelo. Hace unos meses, en el Colegio de Arquitectos, otro alfil del uñaquismo cayó: Marcelo Yornet, exfuncionario y actual asesor en el Senado gracias al paraguas de Uñac, perdió frente a Elisa Gómez, que le ganó la elección sin estructura ni padrinazgos pesados.

¿Qué tienen en común ambas derrotas? Que muestran lo mismo: la marca Uñac ya no suma, resta. En vez de proyectar poder, transmite desgaste. En vez de contagiar, espanta. Poner a un candidato con el sello uñaquista hoy es como colgarle una mochila llena de cemento. Lo tiran al fondo antes de arrancar.

Cristian Andino, otro que se acomoda en el espacio del “renovador” pero con ADN kirchnerista, debería tomar nota. Porque si su plan es ser candidato a diputado nacional de la mano de Sergio Uñac, el panorama no es alentador. La gente ya le dijo no al aparato, a los asesores eternos, a los acomodados seriales y a los que usan instituciones para reciclarse políticamente.

En la universidad, en los colegios profesionales, en las urnas departamentales y en la calle: el peronismo uñaquista está en retirada, aunque algunos no se hayan enterado. Creen que todavía alcanza con apretar teléfonos, repartir apoyos de último minuto o jugar a la rosca. Pero lo que no entienden es que la sociedad ya les soltó la mano.

Porque los mismos nombres de siempre con cargos distintos ya no convencen. Ya no alcanza con haber sido parte del poder. Ahora hay que demostrar que se entiende algo de lo que está pasando afuera. Y esa es una materia que Uñac, Andino, Yornet y compañía vienen desaprobando con escándalo.

Hoy las urnas no sólo deciden cargos. También dictan sentencias políticas. Y lo que están diciendo, una y otra vez, es claro: el dedo de Uñac ya no elige a nadie. Ni en la universidad. Ni en los colegios. Ni en la provincia. Porque cuando la gente quiere avanzar, lo último que hace es mirar para atrás.