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Published on: Editoriales

Día del Trabajador: los sindicatos sí que descansan

Hoy se conmemora el Día del Trabajador. Pero los que más lo celebran no son los que se levantan temprano, hacen horas extra o estiran el sueldo hasta fin de mes. Los que más festejan son los de siempre: los que no trabajan pero hablan en nombre de todos.

Una vez más, la CGT sale a marchar. Una postal repetida, con pancartas que se reciclan cada año y discursos que parecen escritos con calco. Pero detrás del bombo y la bandera, hay algo que no se dice: los sindicatos ya no representan a los trabajadores, sino a sí mismos.

En San Juan, el sindicalismo hace tiempo que encontró otro camino: el de la política. El sillón de secretario general ya no alcanza. Ahora también se ocupan bancas, se cierran listas y se vota en bloque. Y mientras tanto, el reclamo real queda en pausa. No hay paros, ni asambleas, ni conflicto. Solo hay rosca.

La paradoja es brutal: quienes se dicen defensores del trabajador hoy están más preocupados por las elecciones que por los sueldos, más atentos al clima partidario que al laboral. Y cuando hay que levantar la voz, eligen el silencio conveniente de quien tiene que seguir sentado en una banca.

¿En qué momento ser sindicalista dejó de ser un compromiso gremial para ser un trampolín electoral? ¿Quién escucha hoy al trabajador sin que se le filtre un cálculo político? ¿Y cuánto más va a durar esta comodidad de hablar en nombre de todos, sin representar a casi nadie?

Preguntas que, como cada 1° de mayo, se cuelan entre bombos y promesas que ya no emocionan a nadie.