La reforma del Código Electoral vuelve a instalarse en la agenda legislativa y, como era previsible, el peronismo intenta correrse del problema que él mismo creó. El Sipad, aprobado en 2022 por la gestión anterior, fue presentado como un avance democrático, pero en la práctica terminó siendo un experimento mal diseñado que desordenó la política, confundió al electorado y debilitó la gobernabilidad en varios municipios.
Hoy, con más tiempo, sin apuros legales y con una Legislatura que puede debatir sin presiones, el Gobierno provincial de San Juan propone lo que nunca se hizo antes: corregir sin improvisar. No se trata de borrar todo y empezar de cero, sino de arreglar lo que claramente no funcionó. Y los ejemplos sobran.
Las elecciones de 2023 dejaron escenas absurdas: más de 30 candidatos a intendente por un mismo lema, boletas interminables, votantes desorientados y postulantes que terminaron con menos de 20 votos. Eso no es participación democrática: es ruido electoral. Un sistema que permite cualquier cosa termina degradando la política.
Las consecuencias están a la vista. En Chimbas y Caucete, las intendentas peronistas gobiernan con Concejos Deliberantes fragmentados, sin mayorías claras y con bloques sueltos que condicionan cada decisión. Presupuestos trabados, vetos cruzados y parálisis institucional. El Sipad no fortaleció la democracia local: la volvió ingobernable.
Frente a ese escenario, el oficialismo provincial y el bloquismo coinciden en puntos básicos y razonables: limitar la cantidad de candidatos por lema, ordenar la competencia interna y avanzar definitivamente hacia la Boleta Única de Papel, dejando atrás la boleta sábana, ese símbolo de la política vieja que el peronismo insiste en defender porque le conviene.
No es casual. El PJ propone volver al sistema anterior porque fue diseñado para administrar aparatos, no para representar ciudadanos. La boleta sábana y las PASO financiadas por el Estado eran funcionales a un modelo donde el poder se repartía desde arriba y el votante elegía poco y nada.
El Gobierno de San Juan plantea otra cosa: reglas claras, menos confusión, más transparencia y un sistema de votación moderno que ya demostró funcionar en las elecciones nacionales. Y lo hace sin apuro, con margen para el consenso y con la decisión política de no repetir errores.
El Sipad fue una mala idea ejecutada sin autocrítica. Corregirlo no es retroceder: es hacerse cargo.
Lo que está en juego no es un tecnicismo electoral, sino algo mucho más profundo: si San Juan quiere elecciones ordenadas o volver al caos que dejó la gestión anterior.
Esta vez, al menos, el debate empieza con una ventaja: ya sabemos qué es lo que no hay que volver a hacer.
