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Published on: Editoriales

El legado más oscuro de Uñac sigue vigente

El informe de mayo 2025 de Transparencia Electoral sobre integridad democrática en Argentina volvió a poner a San Juan en un lugar incómodo: entre las pocas provincias que aún conservan el sistema de doble voto simultáneo. Es decir, la famosa «Ley de Lemas» que en nuestra tierra fue bautizada con otro nombre —SIPAD—, pero que en esencia es lo mismo: una maniobra diseñada para torcer la voluntad popular.

Y si bien el gobernador Marcelo Orrego ya anunció públicamente la derogación de este mecanismo tramposo, la realidad es que, a la fecha, sigue vigente. El daño institucional que dejó Sergio Uñac y su reforma electoral continúa latente. Y San Juan lo sigue pagando.

El SIPAD fue la herramienta con la que Uñac intentó asegurar la perpetuidad de su espacio político, desdibujando los límites de la competencia real. Fue una jugada de corte autoritario, disfrazada de innovación electoral, que ubicó a la provincia en los peores lugares del país en materia de integridad electoral. Hoy, mientras otras provincias avanzan hacia la boleta única de papel, en San Juan aún arrastramos una reforma que nació para confundir, dividir y beneficiar al poder de turno.

Pero Uñac no estuvo solo. Detrás del experimento antidemocrático estuvieron todos los que callaron, los que votaron a favor, los que se beneficiaron del sistema. Entre ellos, Cristian Andino, por entonces intendente de San Martín y candidato a vicegobernador, hoy asesor en el Senado y eterno aspirante a cargos nacionales. Fue parte de la maquinaria que celebró la trampa como si fuera modernización.

Las consecuencias están a la vista: una provincia señalada en informes nacionales, una ciudadanía descreída y una democracia debilitada por las reglas del engaño. Recuperar la confianza llevará tiempo, pero el primer paso es claro: derogar el SIPAD y dejar atrás la época de las reformas a medida del caudillo de turno.

Uñac quiso cambiar las reglas para quedarse. Hoy, el sistema que creó para atornillarse al poder sigue vigente como símbolo de lo que nunca debió pasar. Y es responsabilidad de todos que no vuelva a repetirse.