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Published on: Editoriales

El PJ prueba recetas de unidad que intoxicaron a los intendentes

El PJ no logra unirse de cara a las elecciones de medio término que lo tienen contra las cuerdas en este 2025. Puertas adentro hay quienes dicen que si el partido no logra hacer una buena perfomance hay algunos referentes que están condenados a desaparecer. A esto se le suma la frase del intendente de Rawson, Carlos Munisaga, quien como un mantra sentenció: “El primer desafío que tenemos los jefes comunales es demostrar que cada uno gobierna bien y está respondiendo a su comunidad en tiempos extremadamente difíciles y complicados, de falta de recursos, en donde ahí se demuestra verdaderamente el saber hacer. Saber hacer con pocos recursos, con la dificultad de tener un gobierno provincial y un gobierno nacional de otro color político, y con la dificultad social que hoy atraviesa el país. Es el gran desafío que tenemos porque eso construye confianza. Y a partir de eso, consolidar un proceso político que permita ganar cada uno en los territorios”.

Sin embargo, la frase mágica no funcionó y más bien se malogró. Es que las cosas no logran acomodarse en el partido de la calle 25 de Mayo y eso es evidente. Además de los dos bandos que mantienen una grieta vigente -Uñaquismo y Giojismo- se le suma la falta de conducción. Los intendentes quisieron tomar la sartén por el mango, exhibiendo en algunos casos el poder de los votos alcanzados en sus comunas, pero la receta tampoco funcionó. Más bien terminaron quemados en el fuego que hizo arder por demás en la Cámara de Diputados el presidente del PJ Juan Carlos Quiorga Moyano.

El ardor todavía les dura y además tuvieron que pagar los costos en la relación con el gobierno provincial. Se quedaron sin el pan -de demostrar poder y unidad- y sin la torta -de los fondos de emergencia que querían reclamar. 

Pero eso no es todo. Esta semana algunos intendentes ocuparon las portadas de los diarios por las peleas que mantienen en los Concejos Deliberantes con los concejales del propio frente. El primer escándalo se produjo en Calingasta que, ya tiene más peleas mediáticas que habitantes. Es que desde que asumió Sebastián Carbajal hubo denuncias, falta de acompañamiento y pase de facturas con su antecesor Jorge Castañeda. El nuevo capítulo de la novela se dio por la posible suspensión de las tres fiestas departamentales (Festival del Ajo en Tamberías, la Fiesta de los Enamorados en Barreal, y la nueva edición del Carnaval de Villa Calingasta) por que el Concejo no las aprobó. No obstante, los ediles aseguran que no hubo desaprobación, sino que el tratamiento se giró a Comisión para su análisis. El jefe comunal asegura que no le quisieron aprobar el presupuesto y así ponen en riesgo las festividades. La novela aún no tiene un desenlace concreto, pero seguramente antes habrá nuevos capítulos con raspones incluidos.

Otro de los municipios que está en llamas por estas horas es 9 de Julio. Allí, el sobrino del diputado nacional Walberto Allende, Daniel Banega, debió suspender sus vacaciones porque la presidenta del Concejo, también del PJ, Elizabeth Sánchez se negó a reemplazarlo como establece la Carta Orgánica municipal. Parece mentira tener que aclarar que son del mismo partido, aunque están lejos de hacer un buen ensamble para que la receta funcione. Por esta “falta de entendimiento” entre ambos, el jefe comunal truncó su descanso y acudió a “salvar las papas”.

Está claro que a los justicialistas no les es natural gobernar siendo oposición. No encuentran la fórmula mágica que los acomode a cada uno en su rol. Están perdidos y desordenados. Está claro que no se trata sólo de mezclar ingredientes, sino que es necesario trabajar por un objetivo claro. Ya lo advirtió Munisaga antes de que finalizara el año, “la unidad se construye día a día”, añadiendo que para que esto se logre debe haber “generosidad por parte de todos los actores, dirigentes, de construirla”.