La Legislatura de San Juan dejó de disimular lo que en el peronismo ya es un secreto a voces: el PJ está fragmentado y sin conducción clara. La decisión de Omar Ortíz y Jorge Castañeda de conformar monobloques no es un hecho aislado ni una simple diferencia de criterios. Es la confirmación de una ruptura política que viene gestándose desde el inicio de la actual gestión provincial.
Ambos legisladores formalizan ahora lo que ya venían expresando con sus votos. En debates clave —adhesión al RIGI, Ley de Transporte, designación del Fiscal General— eligieron acompañar al oficialismo de Marcelo Orrego, alejándose de la línea dura del bloque justicialista. El quiebre, por lo tanto, no es discursivo: es concreto y legislativo.
Dentro del PJ, estas decisiones fueron leídas como una traición. Pero hacia afuera, exponen algo más profundo: un peronismo que ya no logra ordenar a sus propios dirigentes, ni territorial ni políticamente. Las diferencias con la conducción del bloque, encabezada por Juan Carlos Quiroga Moyano, y los conflictos abiertos con intendentes de sus departamentos terminaron de empujar una salida que hoy deja al PJ más debilitado.
El dato no es menor: con Ortíz y Castañeda, la Cámara de Diputados pasará a tener ocho monobloques, una cifra que habla por sí sola del nivel de fragmentación política. Y aunque ese fenómeno atraviesa a varios espacios, el peronismo es el que más pierde: pierde volumen, pierde cohesión y pierde capacidad de plantarse como oposición ordenada.
Mientras el oficialismo provincial logra acuerdos transversales y articula mayorías circunstanciales, el PJ sigue atrapado en sus internas, disputando liderazgos que no terminan de consolidarse. La Legislatura se convierte así en el espejo de una crisis más amplia: un peronismo sin rumbo, sin unidad y sin un proyecto común.
La ruptura no se explica solo por la coyuntura parlamentaria. Es el resultado de años de verticalismo, de decisiones tomadas desde arriba y de una dirigencia que no supo renovarse ni leer el nuevo escenario político de San Juan.Lo que viene en 2026 promete debates intensos y negociaciones permanentes. Pero una cosa ya quedó clara: el PJ sanjuanino ya no es un bloque, es un archipiélago. Y cuando un partido se fragmenta de esa manera, el problema no es la disidencia: es la falta de liderazgo.
