José Castro, intendente de Angaco, lanzó una frase que, más allá de su intención optimista, parece sacada de otro mundo: “Va a haber humo blanco en el PJ sanjuanino”, dijo en tono de anuncio eclesiástico. Como si estuviéramos todos atentos al techo de la casona de la calle 25 de Mayo esperando ver la señal divina que ungirá al nuevo candidato justicialista.
Pero mientras él ve humo blanco, lo que la mayoría huele –y respira con dificultad– es humo negro. Denso, espeso, fruto de una interna que no solo no se apaga, sino que amenaza con incendiar lo poco que queda del viejo orden peronista en San Juan.
El fuego lo avivó Carlos Munisaga, que se mostró con Gramajo y con Gioja, en un juego de equilibrios que parece más bien una señal de advertencia: nadie tiene asegurado el trono. Desde el uñaquismo insisten en que Cristian Andino es el elegido, pero la resistencia de Gramajo es férrea, y el factor Gioja sigue jugando a la ambigüedad, como un cardenal veterano que no dice ni sí ni no, pero está en todos los cónclaves.
¿Y qué hay del pueblo justicialista? De ese aparato que alguna vez arrasaba elecciones y disciplinaba a los díscolos. Hoy, sin PASO y con un electorado cada vez más indiferente, el PJ se encuentra empantanado entre liderazgos en retirada y apuestas personales. Y mientras tanto, afuera, la sociedad cambia, vota con bronca o con apatía, y observa con recelo las viejas disputas de una liturgia que ya no conmueve.
La pregunta que muchos se hacen es quién será el que saque la cara por el peronismo sanjuanino en las legislativas. Pero quizás haya una más urgente: ¿quedará algo del peronismo cuando finalmente se disipe el humo?
Porque si este cónclave sigue así, no habrá fumata blanca que alcance para tapar el olor a crisis.