En la Argentina que ajusta a todos menos a los de siempre, el Senado volvió a subirse el sueldo: $10,2 millones en bruto desde noviembre, por una actualización que los propios legisladores ataron a la paritaria del personal. Reglas hechas a medida: el que legisla, cobra como CEO. Y en San Juan, el primero en la foto es Sergio Uñac.
Uñac no llega solo a la caja. Llega con aparato. Entre sus asesores aparece Cristian Andino —sí, el mismo que vive en campaña— dentro de una nómina generosa que el exgobernador trasladó al Senado. En los papeles es “asesor”; en la práctica, su agenda muestra más recorridas y selfies electorales que trabajo técnico visible. La señal es pésima: mientras el salario senatorial pega otro salto, el anillo de confianza también engorda.
Del otro lado del bloque peronista/kirchnerista local está Celeste Giménez. Discursos de defensa del bolsillo popular… con un recibo que desde noviembre supera la decena de millones. Coherencia selectiva: la austeridad aplica para la tribuna, no para la dieta.
Y en la vereda libertaria, Bruno Olivera. El que llegó prometiendo barrer con la casta hoy también queda alcanzado por el mismo mecanismo de aumentos. Podrá renunciar en redes a tal o cual suba, pero el sistema que votaron y sostienen lo incluye en el club del “no tan liberal” a la hora de cobrar. Los hechos pesan más que los slogans.
La postal es nítida: Uñac, Giménez y Olivera cobran más; los asesores orbitan cerca; y la justificación es burocrática, casi automática: “así está fijado el módulo”. Claro que el módulo no cayó del cielo: lo definieron ellos mismos, y vuelve a indexar privilegios en un país donde la mayoría indexa angustias.
La pregunta que queda flotando en San Juan es simple: ¿quién representa a quién? Si el Senado es una isla blindada por paritarias exprés, ¿dónde queda la empatía con el que no llega a fin de mes? Uñac conduce el lote local con la naturalidad de siempre; Giménez recita consignas sociales con sueldo premium; Olivera posa de anticasta con recibo de casta. Y Andino, el alfil del uñaquismo, sigue a resguardo en la sombra bien paga.
La política puede explicar lo que quiera. Pero cuando el número dice $10,2 millones y subiendo, no hay relato que alcance. Hay privilegios que no se editan. Sólo se cobran.