Es imposible pasar por alto la evidente contradicción de quienes ahora abanderan la necesidad de limitar las reelecciones en San Juan. Todos ellos, sin excepción, apoyaron en su momento la candidatura de Sergio Uñac, quien intentó acceder a un cuarto mandato: uno como vicegobernador y dos como gobernador. ¿Por qué, entonces, no presentaron antes un proyecto para regular las reelecciones, cuando esto habría limitado las aspiraciones de Uñac?
El motivo es claro: en aquel momento, detentaban el poder y no les interesaba poner límites a algo que beneficiaba sus propias ambiciones. Pero ahora, relegados a la oposición, han cambiado su discurso. De repente, lo que antes era aceptable e incluso necesario se convierte en algo inadmisible.
Este proyecto de limitar las reelecciones no es más que una estrategia oportunista. No responde a una preocupación genuina por fortalecer las instituciones ni por proteger la democracia en San Juan. Se trata, más bien, de un movimiento desesperado de quienes buscan regresar al poder a cualquier precio.
El doble estándar es innegable: cuando ellos están en el poder, defienden reelecciones repetidas, justificándolas bajo el pretexto de la continuidad. Pero cuando son otros los que gobiernan, entonces las reelecciones se vuelven un problema que debe ser erradicado. Este giro discursivo deja en evidencia que no hay principios detrás de sus propuestas, solo intereses personales y políticos.
El trasfondo de esta discusión no es el futuro de San Juan ni el bienestar de sus ciudadanos, sino la ambición de quienes están dispuestos a alterar las reglas del juego para recuperar lo que perdieron.