En Rawson no sorprendió la noticia: Carlos Munisaga pidió la renuncia de 76 funcionarios. Lo que sí genera sorpresa —y sospecha— es el momento. ¿Por qué ahora? ¿Por qué todos juntos? ¿Qué cambió de un día para el otro en el segundo municipio más importante de San Juan? La respuesta hay que buscarla más en la política que en la gestión.
La decisión llegó justo después de que se le exigiera a Munisaga un informe sobre supuestos ñoquis en su gabinete. Un dato que, si se confirma, revela un problema serio de responsabilidad administrativa. Pero en lugar de responder con transparencia, el intendente optó por una jugada clásica: mostrar autoridad en forma de purga. Cortar cabezas para enviar un mensaje hacia afuera… y también hacia adentro.
Pero la jugada tiene más capas. Munisaga no gobierna solo. Está aliado a Fabián Gramajo, el exintendente de Chimbas que ahora sueña con una candidatura a diputado nacional. Ambos se distanciaron de Sergio Uñac, al que le facturan la caída del peronismo en San Juan. Y ambos están intentando construir una nueva identidad dentro del justicialismo, alejada de los viejos vicios, pero usando las mismas herramientas.
El problema es que el discurso de renovación no se sostiene con gestos desesperados. Echar a 76 funcionarios de golpe no es una muestra de firmeza, sino una evidencia de descontrol. Si esos funcionarios eran innecesarios, ¿por qué estaban ahí? ¿Quién los nombró? ¿Para qué? Y si no eran ñoquis, ¿cuál es el criterio real detrás de la decisión?
En un contexto de crisis económica y malestar social, los gestos grandilocuentes no alcanzan. Munisaga intenta mostrarse como un jefe con autoridad, pero lo que deja ver es un intendente presionado, incómodo, más preocupado por la interna que por los vecinos. Y con un ojo puesto en la carrera electoral de su socio político.
El recorte masivo puede tener un impacto mediático de corto plazo. Pero también deja al descubierto una gestión que no termina de arrancar, atrapada entre las herencias del pasado y las ambiciones del futuro. En lugar de aclarar, oscurece. Y en lugar de fortalecer su figura, confirma que en Rawson todavía hay mucho más humo que gestión.