Más del 60% de los sanjuaninos está de acuerdo con el fallo que condenó a Cristina Fernández de Kirchner. Lo dice una encuesta reciente, pero lo venimos sintiendo en cada elección, en cada esquina, en cada conversación cotidiana. La gente está cansada, harta de que los mismos de siempre se protejan entre ellos, se abracen al poder, y se escuden en relatos para justificar lo injustificable.
En San Juan, donde durante dos décadas el peronismo funcionó como un sistema cerrado, vertical y complaciente con los escándalos nacionales, el mensaje es más claro que nunca: el modelo está agotado. Ya no conmueve el discurso de la persecución judicial. Ya no alcanza con apelar a la “historia” o al “modelo nacional y popular”. Cuando una líder política es condenada por robarle al Estado, el repudio trasciende lo ideológico.
Y, sin embargo, el PJ sanjuanino insiste. Insiste en defender a Cristina. Insiste en blindar a sus referentes. Insiste en promover candidaturas como la de Cristian Andino, que no solo fue parte del esquema de Sergio Uñac, sino que también salió públicamente a bancar a CFK después de la condena. ¿Esa es la renovación? ¿Volver a lo mismo, con otro envase?
Mientras tanto, Marcelo Orrego gobierna con otra lógica. Sin gritos, sin show, sin cadenas nacionales ni relatos épicos. Administra con equilibrio, reordena las cuentas, reactiva la obra pública y devuelve previsibilidad a una provincia que venía golpeada. No necesita hacer campaña con slogans, porque la gente valora la gestión con hechos.
Quizás por eso, cada encuesta que aparece reafirma lo mismo: los sanjuaninos quieren otra cosa. Quieren dirigentes que respeten la ley, no que se escondan detrás de los fueros. Quieren transparencia, orden, resultados. Y, sobre todo, quieren pasar la página del kirchnerismo y su forma de hacer política.
El fallo contra Cristina no solo fue un golpe judicial. Fue un símbolo. Marcó el fin de una etapa. Y San Juan lo entendió mejor que nadie. Porque acá también se padeció el abuso del poder, la concentración de recursos, los pactos de silencio.
Hoy, más del 60% acompaña esa sentencia. Y ese número no solo habla de un juicio. Habla de una sociedad que aprendió, que ya no tolera privilegios, y que quiere un futuro sin impunidad.