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Published on: Editoriales

San Juan vuelve a ponerse en marcha: la segunda etapa de la minería

San Juan vuelve a ocupar un lugar central en el mapa minero argentino. No por anuncios grandilocuentes ni por slogans, sino por gestión concreta. El reciente salto del 133% en la eficiencia de la evaluación ambiental minera marca un punto de inflexión y permite hablar, sin exageraciones, de una segunda gran etapa de la minería en la provincia.

La primera tuvo su impulso inicial durante los años de José Luis Gioja, cuando San Juan se consolidó como provincia minera. Pero ese envión se fue diluyendo con el paso del tiempo. Durante la gestión de Sergio Uñac, la minería entró en una meseta: trámites lentos, expedientes demorados y un Estado más preocupado por administrar la inercia que por generar condiciones para nuevas inversiones.

Hoy el escenario es distinto. Con la llegada de Marcelo Orrego, la minería volvió a ocupar un lugar estratégico, pero bajo un paradigma actualizado: celeridad administrativa, rigor técnico y previsibilidad jurídica. El Decreto 007-2024 no flexibilizó controles ni bajó exigencias ambientales; hizo algo más complejo y más necesario: ordenó el sistema.

El dato es contundente. Pasar de 45 a 105 expedientes evaluados en un año no es casualidad. Es el resultado de eliminar cuellos de botella, redefinir competencias, digitalizar procesos y devolverle protagonismo a los equipos técnicos. La evaluación ambiental dejó de ser un obstáculo arbitrario para transformarse en lo que debe ser: un instrumento serio, previsible y confiable.

Este cambio tiene efectos directos. San Juan vuelve a ser atractiva para la inversión minera porque ofrece algo que escasea en la Argentina: seguridad jurídica. El mensaje es claro: si el proyecto cumple con la norma, el Estado responde en tiempo y forma. Sin discrecionalidad, sin demoras innecesarias y sin improvisación.

A diferencia de etapas anteriores, esta reactivación minera no se basa solo en el potencial geológico, sino en la capacidad del Estado para gestionar. La especialización por procesos, la creación de repositorios técnicos, las listas de verificación y el fortalecimiento del control posterior a la aprobación ambiental muestran una mirada integral que va más allá de la firma de un expediente.

La minería sanjuanina no se reactiva negando el ambiente, sino integrándolo. Más eficiencia no significa menos control; significa mejor control. Y eso es lo que empieza a consolidarse: un modelo donde desarrollo, transparencia y licencia social avanzan juntos.Después de años de quietud, San Juan volvió a moverse.
No por nostalgia del pasado ni por marketing político, sino porque la gestión volvió a funcionar.
Y en minería, cuando el Estado ordena, la provincia crece.