En política, el silencio también es un posicionamiento. Este fin de semana, mientras la Justicia avanzaba y el caso ganaba volumen nacional, los candidatos de La Libertad Avanza en San Juan —Abel, Cristina Tejada y Juan Sancassani— bajaron persianas: “agenda cerrada hasta el miércoles”, nada de entrevistas y cero pronunciamientos en redes. Para un espacio que hizo de la transparencia su bandera, esconderse detrás del calendario fue la forma más ruidosa de no decir nada.
Peor aún fue el intento de cobertura política. El senador Bruno Olivera eligió el camino de la fe: “pongo las manos al fuego por Javier y Karina Milei”. No aportó datos, ni documentación, ni un atisbo de prudencia institucional. Fe contra hechos en trámite judicial: la fórmula perfecta para que el oficialismo local parezca más fan club que representación pública.
La contradicción es obvia. Si todo es una “operación”, como repiten, ¿por qué los candidatos callan y tercerizan la defensa en un senador que jura por el fuego? Y si el caso es grave —como indican audios, allanamientos y denuncias—, ¿no debería la dirigencia provincial exigir explicaciones, en vez de cubrir con silencio una tormenta que ya es nacional?
La Libertad Avanza en San Juan tenía una oportunidad: marcar una línea clara entre la Justicia que investiga y la política que rinde cuentas. Prefirió el repliegue y el acto de fe. El problema no es sólo ético; es práctico. Cuando llegue el voto, la sociedad no va a evaluar cuántos tuits escribieron, sino cuánta responsabilidad mostraron cuando la transparencia dejó de ser slogan y pasó a expediente.