El exintendente de Sarmiento, Mario Martín, se sumó esta semana a la larga lista de jefes comunales peronistas bajo la lupa de la Justicia. Esta vez, el motivo fue el pago irregular de más de 212 millones de pesos a cooperativas sin respaldo documental. Todo suena familiar: contratos sin control, fondos que se pierden entre papeles sueltos y una estructura que funcionó más como agencia de colocación que como gobierno municipal.
Pero Martín no está solo. Hace rato que las denuncias a exintendentes del PJ dejaron de ser casos aislados para convertirse en una constante. En Chimbas, un dictamen advirtió un posible perjuicio millonario durante la gestión de Fabián Gramajo, también por 212 millones. En Capital, Emilio Baistrocchi estalló luego de que el Tribunal de Cuentas lo imputara por obras de veredas con un daño estimado en $19 millones. Y en Calingasta, si bien la denuncia de Sebastián Carbajal contra Jorge Castañeda fue desestimada, el episodio sumó ruido y dudas.
Uno tras otro, los nombres se repiten. Y el número también: millones y millones de pesos que se esfumaron sin control, o con el control justo para que nadie pregunte demasiado. Cooperativas truchas, obras sin terminar, compras sin licitación, contrataciones opacas. La misma receta, con distinto municipio.
¿Es casualidad que todos los caminos lleven al peronismo sanjuanino? Difícil creerlo. Porque durante años, lo que se impuso fue una lógica de gestión donde rendir cuentas era opcional, y donde los intendentes eran señores feudales con presupuesto propio. No gobernaban para sus vecinos, sino para su espacio. Y hoy, los rastros de esa forma de hacer política empiezan a emerger.
La Justicia tendrá que avanzar y probar cada caso. Pero el patrón ya está claro. La política sanjuanina necesita algo más que nombres nuevos: necesita cortar con las viejas mañas. Porque mientras se siga administrando como si el Estado fuera un premio, lo que se va a multiplicar no es la obra pública, ni el empleo, ni la transparencia. Se van a multiplicar las causas. Y ya vamos por una más. Y van…