Skip links
Published on: Editoriales

Parar antes de escuchar: cuando la educación queda rehén del gremialismo

La negociación paritaria docente en San Juan todavía no empezó formalmente y ya amenaza con terminar en paro. UDAP y AMET anunciaron una posible medida de fuerza para el 2 de marzo, día de inicio del Ciclo Lectivo 2026, sin siquiera haber escuchado una oferta del Gobierno provincial. El dato no es menor: el conflicto se anticipa antes del diálogo.

El Gobierno aún no presentó una propuesta salarial —lo hará en la reunión prevista para esta semana—, pero los gremios ya pusieron la fecha del paro sobre la mesa. La lógica es conocida y repetida: primero la amenaza, después la negociación. Y en el medio, como siempre, quedan los estudiantes y las familias sanjuaninas.

Resulta difícil sostener que esta postura defienda a la educación cuando la primera herramienta es suspender las clases. El derecho al reclamo es legítimo, pero anunciar un paro antes de conocer una oferta concreta no es presión: es extorsión política. No se discuten números, se fuerza el conflicto.

Los gremios argumentan reclamos acumulados desde diciembre, correcciones en ítems salariales y la necesidad de un plan de trabajo a mediano plazo. Son planteos que merecen debate, pero el problema es la forma. No hay margen para evaluar propuestas ni voluntad de construir acuerdos si la decisión ya está tomada.

La pregunta es inevitable:
¿qué lugar ocupa la educación en esta estrategia?
Porque cada vez que el ciclo lectivo empieza condicionado por un paro, el mensaje es claro: la prioridad no son los alumnos.

El Gobierno provincial enfrenta un contexto económico complejo, con recursos limitados y la necesidad de ordenar las cuentas sin resignar políticas públicas. Aun así, convoca a la mesa paritaria y se dispone a presentar una propuesta. Del otro lado, los gremios eligen marcar la cancha antes de tiempo, repitiendo un libreto que ya fracasó: paros automáticos, desgaste social y pérdida de días de clase.

Defender el salario docente es una causa justa. Defender la educación también debería serlo. Y eso implica sentarse, escuchar, negociar y construir. No dinamitar el diálogo antes de que empiece.

Si el paro es la única respuesta posible, entonces el problema ya no es salarial: es político.
Y cuando la política sindical se impone sobre el aula, la educación deja de ser el objetivo y pasa a ser la excusa.